viernes, 24 de febrero de 2012

2 CUENTOS CORTOS DE TERROR, POLICIACOS, FANTASTICOS O MARAVILLOSOS

FANTASIA –MARAVILLOSOS.
El barrilete
De muy chica yo soñaba con tener un barrilete, poder hacerlo con mis propias manos, ponerle colores, dibujos y una cola muy larga. Llevarlo a un parque grande y poder ver como remontaba su vuelo, como si fuera un pájaro, como si tuviera alas y chocara con el cielo azul que lo esperaba con sus brazos abiertos.
Aunque no era un varón, y algunos creen que a ellos les pertenece, tenía ese sueño. Un día desperté y puse manos a la obra, en él volqué mi voluntad y mi empeño para que saliera bien, para que fuera perfecto, y le puse colores, y le pegué dibujos, y cuando estuvo terminado coloqué su gran cola con amor y dulzura.
Había soñado tanto y por fin el día llegó, en que lo llevara al mejor lugar para hacerlo volar. Primero miré a mí alrededor y al ver que estaba sola, subí la mirada al cielo, un cielo azul brillante, sin ninguna nube, ese día era perfecto, y yo lo sabía, sentía que no podría fallar, que su vuelo sería maravilloso, armónico.
Y llegó el segundo paso y el más difícil, hacerlo volar como si fuera un pájaro, mi sueño estaba a punto de ser cumplido, cuando por fin estaba lista y segura le di el impulso y muy suavemente le fui soltando el hilo, y despacito, despacito, se fue alejando haciendo sus dulces movimientos.
Yo medía muy segura la tensión del hilo y el barrilete volaba, y desde lo alto me miraba y yo más feliz me sentía. No cesaba de moverse y de seguir su alto vuelo, era tan hermoso verlo, allí arriba, como algo importante, como algo especial.
Pero de repente, el hilo se puso muy tirante y no lo pude controlar, hasta que la presión fue tan grande que el hilo se cortó.
Y allí iba mi sueño, perdiéndose cada vez más, haciéndose cada vez más pequeño. Una desilusión enorme me invadió y me quedé en soledad, sosteniendo el resto del hilo que me quedaba y tal vez con la esperanza de volver a verlo, de volver a tenerlo; pero así, en silencio me quedé, con mi sueño hecho pedazos por haberlo perdido, pero feliz por haber podido realizarlo, tal vez tan sólo por pocos segundos.
















EL CACIQUE
Aún antes que el hombre se incursionara en los cielos y en los mares, aún antes que existiera la maldad o el odio, un pequeño pueblo habitaba las exóticas profundidades del bosque patagónico.
En él vivía una joven llamada Quillén, hija del cacique del lugar. Con su piel trigueña y su perfume a rosa; era suave y delicada como los pétalos de una amapola.
Su padre la había criado bajo un estricto cuidado. Le había enseñado las verdades de la tierra y de la vida. Sobre las ciencias del universo y los terribles peligros del bosque. Sin embargo, Quillén no comprendía el miedo ni el peligro, sólo ansiaba conocer qué había más allá del río, más allá del horizonte.
Una tarde de verano (sin caso de las precauciones de su padre) salió en búsqueda de unos frutos salvajes situados en el corazón del bosque. El viaje debía ser arduo, pero también justificado, porque de los frutos se decía que eran los más dulces de la tierra y que además producía una sensación extraña, como una amalgama de éxtasis y placer.
Caminó y caminó por largas horas, guiándose por el sol, tal como su padre le había enseñado. Aquella caminata fue verdaderamente placentera, se encontró con animales totalmente desconocidos, de todos colores y especies, al igual que la flora. Nunca había visto tanta diversidad confluidas en un solo lugar, consintió a sí misma la promesa de realizar próximos recorridos hacia otros lugares desconocidos.
Tanto caminar perdió el sentido del tiempo y pronto comenzó a oscurecer. Recordó entonces las advertencias de su padre en cuanto al bosque y comenzó a preocuparse.
La noche se cerraba cada vez más así que decidió buscar refugio para esperar el amanecer. De pronto se topó con un ser monstruoso, parecía una mujer con largas uñas de espada y colmillos de serpiente. Su rostro deforme y sus ojos de tamaño gigante. Quillén se sorprendió, sintió algo que jamás había sentido – el miedo –, parecía habérsele paralizado el corazón y todo a su alrededor.
La mujer condujo a Quillén a una cabaña. Cuando entró, ella desapareció. Quillén estaba verdaderamente estremecida, repentinamente escuchó una voz que le preguntó: – ¿Qué haces a estas horas en el bosque?
Quillén contestó temerosa: – Estoy en búsqueda del fruto más dulce de la Tierra.
La mujer calló por unos segundos e irrumpió vociferante: – ¡Tendrás que merecerlo! Deberás demostrar que realmente lo quieres, a cualquier precio. Quiero, antes de la próxima luna llena, un litro de sangre de Lobizón o deberás permanecer aquí por toda la eternidad.
Quillén se sentía confundida, pero aún así partió en busca del lobizón. Así asesinarlo y cumplir con el recado de la mujer.
En el transcurso del camino todo le pareció diferente a la primera vez, ya no sentía placer, sino horror por todo aquello que veía.
Más allá de los arbustos divisó un movimiento, observó detenidamente. ¡Era el lobizón! ¿Qué más quedaba por hacer? Sacó su arco y sus flechas y apuntó con precisión de halcón. La flecha quedó totalmente incrustada en el corazón de la bestia; cuando se acercó para extraer el litro de sangre notó que el ser se había transformado a su estado de hombre. ¡Era su padre!
Al principio tuvo la impresión de que todo alrededor quedaba inmóvil, pero luego cayó en cierto el hecho. Había matado a su padre con un flechazo directo en el corazón.

Se dice que en el lugar se formó un lago producto de las lágrimas que aún lloran la pérdida del cacique.






TERROR.

EL BAUL
Transitaba por la ruta que me llevaría a la casa de mis padres, a los cuáles no veía desde hacía un largo tiempo. Era la primera vez que iba por este camino y me pareció bueno, pues había pocos autos y podía ir ligero. El único inconveniente era que las estaciones de servicios estaban muy alejadas unas de otras, y un problema con el vehículo me significarían muchas horas de espera.
Parecía una tarde que iba a ser soleada, sin embargo y sin previo aviso, comenzó a llover y un gran viento se levantó. Era tan fuerte que lograba mover el auto hacia un costado; incluso hasta tenía miedo de que me hiciera chocar con otro vehículo que venga del lado contrario. También hacía que se agiten las hojas de los árboles de tal manera que me mareaban y lograban desconcertarme.
Pasaron los minutos; la lluvia se hizo más fuerte y ya no podía ver los letreros que pasaban a los costados. El manejar se me hacía cada vez más dificultoso e incluso el volante se me escapaba de las manos, como si el viento mismo condujera el auto hacia mi destino.
El caer de las gotas de lluvia sobre el auto era tan intenso que no me dejaban escuchar ni siquiera el motor, entonces encendí la radio. Oí en las noticias que los vientos superaban los ciento veinte kilómetros por hora y por esto, decidí disminuir la velocidad. Creía que yendo más lento no tendría ningún problema conduciendo, pero me equivoqué. De repente un golpe seco se sintió sobre el parabrisas y un alarido retumbó, pero fue acallado rápidamente por la lluvia. El miedo me invadió, pues había atropellado a alguien. Frené y detuve el motor. Me quedé inmóvil en el auto; me pareció que pasaron unos minutos y miré hacia el parabrisas: había sangre, pero ninguna marca de un golpe...
Mi mirada permanecía sobre la sangre. Parecía que la fuerte lluvia no quería que me olvide de que agonizaba alguien afuera, pues no lavaba la mancha.
Abrí la guantera muy nervioso, tomé el impermeable y me lo puse. Jamás había tardado tanto en abrir la puerta del auto... tenía miedo de enfrentarme a la realidad.
Ya afuera comencé a buscar a quien había atropellado, pero ni siquiera había rastros de que algo hubiera pasado allí. Estuve unos minutos recorriendo el lugar, pero no encontraba nada. ¿Podía ser que lo que atropellé se haya escapado? Regresé al automóvil y sorprendido, vi manchas de sangre sobre el asiento; pero rápidamente me tranquilicé, pues seguramente cuando abrí la puerta del auto las gotas sobre el parabrisas habían entrado.
Encendí el vehículo y continué con mi camino. Me autoconvencí de que no podía haber sido una persona lo que había atropellado, pues nadie en su sano juicio estaría a merced de esta tormenta infernal ni tampoco en una ruta completamente vacía. Ya me sentía mejor, casi no estaba nervioso, pero no sabía que esto recién comenzaba...
El auto se detuvo justamente cuando un aterrador rayo se disparó desde las nubes. Había combustible, las baterías estaban cargadas, el auto era nuevo... ¿Cómo es que se detuvo? Tampoco había forma de que arrancara, los intentos por hacerlo eran en vano.
Me bajé del auto sin impermeable, pues no me importaba, igualmente estaba todo mojado. Logré llevar el auto fuera de la ruta y luego entré nuevamente. En ese momento decidí quedarme a dormir allí, pues ya oscurecía.
Comenzaba a dormirme, pero un extraño ruido me despertó. La lluvia había parado y ya era de noche. Miré hacia el asiento trasero, pero no había nada, entonces me quedé atento, esperando otra vez ese ruido. Pasaron varios minutos y nuevamente se repitieron. Estaba desconcertado, me intrigaba saber de dónde provenían los ruidos y entonces decidí salir del vehículo.
Transitaba por la ruta que me llevaría a la casa de mis padres, a los cuáles no veía desde hacía un largo tiempo. Era la primera vez que iba por este camino y me pareció bueno, pues había pocos autos y podía ir ligero. El único inconveniente era que las estaciones de servicios estaban muy alejadas unas de otras, y un problema con el vehículo me significarían muchas horas de espera.

Parecía una tarde que iba a ser soleada, sin embargo y sin previo aviso, comenzó a llover y un gran viento se levantó. Era tan fuerte que lograba mover el auto hacia un costado; incluso hasta tenía miedo de que me hiciera chocar con otro vehículo que venga del lado contrario. También hacía que se agiten las hojas de los árboles de tal manera que me mareaban y lograban desconcertarme.
Pasaron los minutos; la lluvia se hizo más fuerte y ya no podía ver los letreros que pasaban a los costados. El manejar se me hacía cada vez más dificultoso e incluso el volante se me escapaba de las manos, como si el viento mismo condujera el auto hacia mi destino.
El caer de las gotas de lluvia sobre el auto era tan intenso que no me dejaban escuchar ni siquiera el motor, entonces encendí la radio. Oí en las noticias que los vientos superaban los ciento veinte kilómetros por hora y por esto, decidí disminuir la velocidad. Creía que yendo más lento no tendría ningún problema conduciendo, pero me equivoqué. De repente un golpe seco se sintió sobre el parabrisas y un alarido retumbó, pero fue acallado rápidamente por la lluvia. El miedo me invadió, pues había atropellado a alguien. Frené y detuve el motor. Me quedé inmóvil en el auto; me pareció que pasaron unos minutos y miré hacia el parabrisas: había sangre, pero ninguna marca de un golpe...
Mi mirada permanecía sobre la sangre. Parecía que la fuerte lluvia no quería que me olvide de que agonizaba alguien afuera, pues no lavaba la mancha.
Abrí la guantera muy nervioso, tomé el impermeable y me lo puse. Jamás había tardado tanto en abrir la puerta del auto... tenía miedo de enfrentarme a la realidad.
Ya afuera comencé a buscar a quien había atropellado, pero ni siquiera había rastros de que algo hubiera pasado allí. Estuve unos minutos recorriendo el lugar, pero no encontraba nada. ¿Podía ser que lo que atropellé se haya escapado? Regresé al automóvil y sorprendido, vi manchas de sangre sobre el asiento; pero rápidamente me tranquilicé, pues seguramente cuando abrí la puerta del auto las gotas sobre el parabrisas habían entrado.
Encendí el vehículo y continué con mi camino. Me autoconvencí de que no podía haber sido una persona lo que había atropellado, pues nadie en su sano juicio estaría a merced de esta tormenta infernal ni tampoco en una ruta completamente vacía. Ya me sentía mejor, casi no estaba nervioso, pero no sabía que esto recién comenzaba...
El auto se detuvo justamente cuando un aterrador rayo se disparó desde las nubes. Había combustible, las baterías estaban cargadas, el auto era nuevo... ¿Cómo es que se detuvo? Tampoco había forma de que arrancara, los intentos por hacerlo eran en vano.
Me bajé del auto sin impermeable, pues no me importaba, igualmente estaba todo mojado. Logré llevar el auto fuera de la ruta y luego entré nuevamente. En ese momento decidí quedarme a dormir allí, pues ya oscurecía.
Comenzaba a dormirme, pero un extraño ruido me despertó. La lluvia había parado y ya era de noche. Miré hacia el asiento trasero, pero no había nada, entonces me quedé atento, esperando otra vez ese ruido. Pasaron varios minutos y nuevamente se repitieron. Estaba desconcertado, me intrigaba saber de dónde provenían los ruidos y entonces decidí salir del vehículo.






El Ultimo Pasajero
Por aquel tiempo me ganaba la vida tansportando a las personas de un lugar a otro en mi pequeño vehiculo marca chevrolet. No era algo que me fascinara sin embargo no tenia mas alternativa; tenia 52 años y hacia 2 que me habian exiliado de mi trabajo en una compañia que fabricaba taladros.Me habia desempeñado como empleado de la empresa algun tiempo antes de la fatal decision que tomaron en mi contra. Bueno, poco despues decidi empezar con esta poco fructifera manera de mantener a mi familia.Era un servicio sacrificado, sin duda, el hecho de pasarte casi todo el dia sentado frente al volante, con el ensordecedor ruido de los claxons,los excentricos pasajeros, en fin aquella no era mi vida. Un dia abordaron abordaron a mi auto una pareja de esposos de avanzada edad, me pidieron que los llevase a una hacienda que se hallaba unos 30km fuera de la ciudad, era un lugar bastante alejado y remoto.Para llegar ahi se debia atravezar primero una amplia carretera de doble sentido que daba directo al lugar solicitado.Eran casi las 7:00 pm, en otras circunstancias no hubiera aceptado la carrera, pero el dia no habia sido bueno en lo se referia al sustento material asi que acepte llevarlos por un alto precio. Llegamos a la hacienda a las 11:00pm. Me di cuenta, que de no ser por las pequeñisimas casitas que se divisaban, hubiera creido que el lugar estaba totalmente deshabitado.Luego del pago de la cuantiosa suma de dinero, me dispuse a regresar a la civilizacion; algo que me tomaria unas 2 horas tomando en cuenta que a esas horas aquellos territorios se hallaban libres de tansito vehicular. Si tenia suerte probablente me encontraria en el camino copn algun cliente desesperado en llegar a la ciudad, aunque yo no creia en la suerte. En fin, las cosas se dan cuando uno menos las espera. Ya habia pasado cerca de 1:00 desde que comenze el viaje de regreso, los ojos ya me empezaban a pesar debido al cansancio y en eso oh sorpresa una figura larga y negra a primera vista, al lado derecho de la pista que me hacia señas para que me deuviera alzando lo que parecian ser dos brazos, en forma vertical apuntando al cielo estrellado.Dude en hacercarme, era realmente extraño que una persona completamente sola se encontrara en medio de la carretera a esas horas, peromientras mas me hacercaba,masme compadecia de aquel pobre ser. Cuando me hallaba a unos 10mtros de distancia el sujeto bajo los brazos y no tuve opcion me detuve. Hubiera sido la peor escoria del mundo de haberme pasado de largo; despues de todo en el fondo yo era un buen tipo. Era obvio que aquel indiduo unicamente tenia un destino; llegar a la ciudad a si que directamente me estacione de modo que el asiento trasero se ubicara a su altura.El tipo abrio la puerta y abordo el auto.Jamas vi un sujeto que hiciera mejor el papel de incognita como el; estaba completamente cubierto con un abrigo negro y en la cabeza llevaba un sombrero negro de fieltro de alas anchas y copa regular que me parecio databa del siglo pasado.Eraextraño el hecho de que mientras el sujeto aun no habia subido al auto la temperatura se habia mantenido estable, calida; desde el momento en que se sento al lado de la ventanilla el clima cambio radicalmente, habian bajado por lo menos 10 grados. Me percate de esto al instante. Reinicie el viaje esperando que se acabara cuanto antes. Oia su respiracion fuerte y lenta era escalofriante, me pregunte si estaria mal de salud,pero no me atrevia a hablarle. Disimuladamente movi mi espejo retrovisor para enfocar su rosto haciendome tenebrosas especulaciones, sin embargo son saco cubria parte de su cara con lo que solo alcanze a divisar dos ojos desorbitados y que miraban directamente los mios. Haci nos quedamos casi un segundo ,luego de que yo cambiara el rumbo de mi vista.Estaba atemorizado al ver sus ojos pude darme cuenta de que estaba grave.Me atrevi a hablarle le dije:¿se encuentra bien ? le dije, pero el tipo ni se inmuto.Seguro que no puede hablar me dije. Segui conduciendo inquieto, mientras me hacercaba mas a la ciudad, ya podia ver las luces nocturnas y eso me tranquilizaba. A la 1:22 mi vehiculo alcanzo la ciudad, esperaba algun sonido de mi cliente que me indicara donde dejarlo, pero no dijo nada solo aquella respiracion profunda que me hacia pensar en su salud. Y de pronto un sonido de ultratumba que invadio el auto.Instintivamente voltie a mirar al sujeto pero mi sorpresa fue enorme al no encontrarlo sentado en el lugar que habia ocupado.Detuve el auto en seco.Por instante pense que se habia esfumado pero luego supese que se habia resbalado del asiento.Gire el torso para mirar su cuerpo caido pero no estaba ahi. Baje del auto, la puerta trsera estaba cerrada ¿Pudo haber bajado del auto en movimiento? lo dude mucho y sobre todo en su estado. Revise el auto por completo, luego mire al frente, me encontraba justamente en laentrada del cementerio dela ciudad. Mi cuerpo temblo;subi al auto y me aleje rapido pensando en lo que habia sucedido.
Mi mente estaba paralizada. Conducia mi auto sin darme cuenta del recorrido que tomaba. Decididamente se trataba de un hecho paranormal, misterioso, un hecho detectivesco. No me atrevia a mirar a la parte trasera del auto por temor a que se apareciera de pronto entre las sombras. Al llegar a mi hogar eran casi las 3:00 am, mi esposa dormia placidamente de modo que retuve mis deseos de narrarle mi truculenta experiencia con mi excentrico cliente de ultratumba, asi que me devesti y me acoste, recordando y tratando de dar una explicacion logica a aquella extraña desaparicion. Me dormi, aunque no dejaba de estar alerta, en mis sueños, tuve una mala noche con sobresaltos y pesadillas. Al amanecer, me sentia mas tranquilo y decidi tomarme el dia libre. Mi mente me atrajo hacia mi auto, me dirigi hacia el con paso vacilante, abri la puerta trasera y mi sorpresa fue grande al mirar hacia abajo. No, no era el cuerpo de ultimo pasajero, era su retribucion por el favor que le habia dado al transportarlo al cementerio. Varias monedas derramadas, algunas en el asiento, todas bastante antiguas, de otros tiempos pasados. Era mi paga por el servicio....

















POLICIACOS

La promesa
El sol emergía entre las montañas que rodeaban al pueblo. A lo lejos el aullido persistente de los perros rompió con la calma. Las nubes se tornaron negras de pronto y la neblina llegó de quién sabe dónde, para destruir el sosiego que había reinado en Segarra durante muchos años.
- ¿Ésta muerta?-preguntó lentamente; como si las palabras que arrastraba no estuvieran llenas de curiosidad.
- Eso parece- contestó el jefe de la policía, que había llegado hasta ahí guiado por los gritos. Movió el cuerpo de la joven con el pie.
- ¡Oiga, no haga eso!, ¿qué no es capaz de un poco de respeto?- le gritó él.
- En cuestiones como estas, ¡el respeto me importa un carajo!; además, ¿usted que chingados está haciendo aquí?
- Yo la encontré y; además, era su amigo.
- ¡Ahhh, entonces está usted detenido!
- ¿Detenido? ¡Pero está usted completamente loco!, ¿por qué quiere llevarme detenido?- dijo estupefacto.
- Pues porque usted es el principal sospechoso; estaba aquí cuando llegué y ; además, todo mundo sabe que un hombre y una mujer no pueden ser amigos.
- ¿Y eso qué tiene que ver, pretende detenerme sólo por esa estupidez?- replicó furioso.
- No, lo detengo también por estar jodiendo…
La noche cayó en las calles de Segarra acompañada con el sonido de los grillos y el rumor lejano del río que bordeaba el pueblo. Las casas con sus puertas cerradas parecían albergar pequeños y tranquilos mundos; sin embargo, tras de esas puertas se fraguaban historias que nada tenían de tranquilas.
- Dicen que fue el otro maestro el que la mató.
- La señora de la fonda escuchó cuando él le confesaba al jefe de la policía que eran amantes.
- A mi me dijeron que la mató porque estaba celoso del Doctor Martínez, ya ves que desde el mes pasado ella empezó a ir bien seguido a su casa, ¡que dizque porque estaba enferma!
- ¡Ja, se ha de ver ido a dar sus buenos revolcones con el Doctor!
Miró por la pequeña ventana que daba hacia la calle. Ahí adentro el calor era inimaginable y el olor lastimaba los ojos. Le parecía que la celda se volvía más pequeña y asfixiante conforme pasaba el tiempo.
- ¡Tú, arrímate pa’ca!- dijo el policía.
Aturdido, no se movió ni respondió.
- ¿Qué no estás oyendo cabrón?- gritó el uniformado.
- Yo no la mate- dijo de pronto.
- Entonces, ¿quién fue?
- ¡No sé, ya le dije que no sé!, éramos amigos; pero cuando llegue a la escuela ya estaba ahí tirada. Muerta.
- ¡Y a poco piensa que le voy a creer! Los chamacos dicen que cuando llegaron ella estaba tirada y que usted estaba ahí.
- ¿Y qué es lo que les estoy diciendo? ¡Llegué y estaba muerta! En eso llegaron mis alumnos, y fue cuando se armó el escándalo. ¡Usted está loco! ¡Esta empeñado en acusarme y todo porque no le caigo bien, yo no la mate!- gritó desesperado.
El policía le dio la espalda; él se dio cuenta de que ignoraba sus palabras. Intentó cambiar de actitud con el fin de intentar conseguir un arreglo.
- Disculpe si le he hablado de manera impropia; pero comprenda que mi situación es desesperante y pues, ¡no es para menos! Pero estoy seguro que esto se arreglará. Soy inocente y no me pueden culpar de algo que no hice.
- ¡Ja, ja!- rió estrepitosamente el policía- ¡a que maestrito tan ingenuo! ¿De cuándo acá no se puede culpar y encerrar a alguien que es inocente? ¿Pues en que país cree usted que vive? ¡No sea pendejo, si se me da mi gana puedo conseguir que lo manden a un reclusorio de esos de máxima seguridad, haber como le va ahí!, ¡ja, ja!- Se sentó mientras rascaba su grasienta calva- Ya mejor cállese no gaste saliva.
- Pero… ¡tengo derecho a un abogado!- la desesperación se apoderaba más de él.
- Puede que mañana venga el tinterillo del pueblo a ofrecerle sus servicios; eso sí usted le cae bien; sino, ¡ya se jodió!
Se dejó caer en un rincón de la celda sin importarle el desagradable olor que emanaba del piso. En su mente todo era confuso; el asesinato; las acusaciones; su amiga a la cual pudo ver la noche anterior cuando ella se dirigía a casa del Doctor.
- ¿Estás segura?- le dijo
- Completamente; ¡ella también está enamorada de mí!
- Pero, ¡está casada y uno de sus hijos es tú alumno!
- Por lo mismo, ¡tienes que jurarme que no le vas a decir a nadie; júrame que aunque sea cuestión de vida o muerte, no le vas a contar esto a nadie!
- Pero… es que- vaciló.
- ¡Por favor!, si esto se llega a saber su marido la puede matar a golpes, además el pobre niño también sufriría las consecuencias. Y lo más importante; piensa en mis padres, ellos crecieron aquí y si la gente se entera sufrirán mucho, ¡y eso no puedo soportarlo!.
- Esta bien, no le voy a contar a nadie, jamás; pero por favor, cuídate mucho; dicen que el Doctor es de armas tomar; he escuchado que ha balaceado a más de uno por poquedades; ¡imagínate si lo llega a descubrir!
- No te preocupes, seremos cuidadosas. Te prometo que nada va a pasarme.
La mañana lo sorprendió sin dormir, se sentía cansado y enfermo.
- ¿Por qué no cumpliste tu maldita promesa? ¡Me mentiste, dijiste que nada te pasaría!- murmuró cuando el tañido del campanario le avisó que la misa acababa y la procesión se dirigía al cementerio.
- Buenos días- interrumpió sus pensamientos un joven alto y desgarbado- Soy José Gutiérrez, vengo a ofrecerle mis servicios; soy abogado.
- Buenos días, sé quién es usted. Me alegra que viniera, ¡creí que ni siquiera me iban a dar la oportunidad de defenderme! Supongo que ya me conoce; soy Bruno Márquez, el maestro de la primaria.
- Entiendo, ¡en este mugre pueblo se hace lo que al jefe de la policía y al Presidente Municipal se le da la gana! Y sí, ya había oído hablar de usted. Mi hermana es su alumna.
No le respondió, se sentía demasiado cansado como para iniciar una plática que en nada ayudaría a su situación. El abogado pareció entender su silencio porque agregó:
- Dígame, usted que era tan amigo de la maestra, ¿Sabe de alguien que quisiera matarla?
- No- mintió- Laura no tenía problemas con nadie- dijo mientras imaginaba al Doctor en medio del salón de clases, disparándole a quemarropa a su amiga.
- ¿Está seguro?
- Sí- Mintió de nuevo.
La tarde cayó en Segarra. La plaza principal se fue vaciando; los perros se desaparecieron en los solares baldíos; disputándose a las únicas dos hembras de la cuadra.
Solo, en mitad de la celda, pensó en Laura; en su sonrisa perfecta y contagiosa; en sus ojos grandes –enormes de hecho-; en el olor que emanaba de su cuerpo; en la manera en que lo miraba cuando estaba triste. Recordó la tarde en que ella le confesó sus preferencias sexuales.
- Me gustan las mujeres, quizá por eso te adoro tanto; ¡porque compartimos los mismos gustos!
Ahora, al recordar aún sentía ese vacío en el estomago; esa rabia recorriéndole el cuerpo; los celos detenidos en sus puños; su voz temblorosa cuando preguntó:
- Y… ¿estás con alguien…? ¡es decir! , no sé cómo preguntar.
Ella sonrió con tranquilidad, como si entendiera su turbación.
- Aún no, pero creo que le gusto a la esposa del Doctor-contestó.
- ¿Y ella… a ti?
- Sí- dijo sonriéndole con complicidad.
Los mismos celos; la misma rabia de aquel día le revolvieron el estomago. En su mente se arremolinaron de nuevo las imágenes del día anterior: el Doctor saliendo de la primaria con un arma en la mano; ella tirada en el piso, desangrándose; con los mismos ojos de siempre; el mismo olor de siempre; sólo que… muerta.
- ¡Pendeja, estás muerta por pendeja, y yo soy más pendejo por cumplirle la promesa a una muerta!- dijo mientras golpeaba con su puño la pared.
La tarde cayó errante por las calles del pueblo. Las puertas se fueron cerrando una a una.

- ¡Te lo dije! Ya confesó que la mató porque eran amantes. Pos claro, ¿cuándo se ha visto que un hombre y una mujer pueden ser amigos?








Los asesinos de Hemingway

Dos hombres entraron a la casa, y esperaron en silencio a que los ojos se les acostumbraran a la oscuridad. Hemingway dormía al fondo, y afuera una fina lluvia empañaba los cristales. Acariciaban en sus manos revólveres, y al cabo de un rato pudieron caminar por entre los muebles, en la penumbra. Oían como un rumor los ronquidos del viejo Hem.
¿Qué hacemos ahora?-preguntó uno.
-No sé exactamente-respondió el otro.
En las ventanas la lluvia aumentaba, se escuchaban truenos y podían ver las sombras de los árboles al viento, que opacaban la luz de los faroles. Caminaron hacia una habitación que parecía ser una oficina, en la que había una mesita repleta de libros, una máquina de escribir, hojas blancas y una botella de whisky con un vaso a medio usar al lado. Revisaron en las gavetas. No encontraron nada.
Pasaron a un cuarto amplio, acomodado con dos camas, donde también habían libros y colgaderas de animales. Vestían ropas negras apretadas, capuchas que solo dejaban ver sus ojos, y aunque sus estaturas eran diferentes al igual que su complexión física, en medio de la noche parecían hermanos vestidos igual para la misma ocasión.
Uno le extendía al otro de vez en cuando manuscritos corregidos, buscando su aprobación.
-¿Es este? -No, el muy desgraciado lo tiene bien escondido.
-¿Y ahora? -A seguir buscando, vivo.
La tormenta arreciaba, y las luces de afuera amenazaban con quedar completamente apagadas.
De repente oyeron que el ronquido de Hemingway cesaba, y el susurrar cada vez más cercano de unas pantuflas afelpadas. Se escondieron bajo las camas, y divisaron las piernas del viejo que se dirigían al baño. Oyeron el largo chorro que soltaba Hemingway, y el sonido de descargar el inodoro. Otra vez se acercaron las pantuflas, que sin sospecha se detuvieron en la puerta del cuarto, y ellos apretaron por instinto los revólveres. Pero Hemingway siguió camino hasta su habitación, y en breve volvieron a sentir sus ronquidos.
La búsqueda no prosperaba. A la poca luz de los relámpagos solo podían distinguir las cabezas muertas en las paredes, que parecían vigilantes silenciosos de ojos cristalinos, y los papeles se les perdían en la oscuridad.
Se movieron por toda la casa, evitando el cuarto del viejo. Abrían libros, levantaban almohadas y sábanas viejas, colchones húmedos, pero no aparecía lo que los había llevado allí. Comenzaron a sudar, a pesar del frío que entraba por las ventanas.

Durante días habían ido a vigilar al escritor, atisbando por entre las ventanas y las veladoras, disfrazados de extranjeros. Verificaron los horarios de apertura y cierre del museo, el movimiento de las personas, la estructura de la casa, sus alrededores, la rutina de Hemingway y los cambios de guardia de los custodios. Ahora sentían que todo el esfuerzo se podía ir a la mierda, si no encontraban algo. Empezaron a desesperarse, pero decidieron mantener la calma.
Ya estaban en el interior, sólo tenían que buscar. En sus ojos se dibujaba una impaciencia, un deseo inaudito de no ser sorprendidos.
Los truenos sucedían, llenando de un silencio pavoroso el intervalo entre ellos.
Después de una última mirada confusa, se dirigieron hacia el fondo de la casa, más allá del comedor. Chequearon los revólveres, y en una fracción de segundo pudieron ver en los cristales el rápido desplazamiento de las nubes. Afuera las luces se habían apagado ya definitivamente.
Hemingway dormía boca arriba, acurrucado con sobrecamas rojos y bufando el aire de los pulmones. Los hombres lo miraban con terror, y sin decirlo agradecieron que la más plena oscuridad los cobijara. Se miraron sin saber que hacer.
-Haz algo.
-No sé qué.
-Lo que se te ocurra, vamos.
-No, tengo miedo.
-Bah, parece mentira, vivo.
Con sigilo examinaron el cuarto, abriendo pequeñas gavetas y el escaparate de espejos. Les impresionó ver su propia imagen reflejada con total exactitud.
Cerraron las puertas asqueados de tanta lluvia y silencio, de no encontrar nada, y con las manos señalaron los revólveres. No había otra solución.
El disparo sonó en medio de la madrugada, disimulado por un trueno que estremeció los cristales.







REALISTAS

El cielo Tarahumara
Desde el inicio de los tiempos los indios Tarahumara recibieron también el nombre de Rarámuri, los de pies ligeros.
Para ellos el mundo fue creado por Rayeneri, dios del sol y Metzaka la diosa luna.
Aún hoy tienen el concepto de que no existe la propiedad privada. Eran politeístas y belicosos. En su vida civil elijen un Gobernador que es distinguido por su sabiduría y por su reconocida entrega hacia los demás.
Hace cinco siglos los indios tarahumara se replegaron hacia los cañones de la Sierra Madre Occidental de México huyendo de los invasores españoles que poseían caballos y armas de fuego.
Los indios tarahumara los llamaban “chabochi”, palabra utilizada por ellas y que quiere decir “persona con telarañas en el rostro” haciendo referencia a la barba en el mentón, cosa que para ellos resultaba perturbador.
La palabra “chabochi” generada para identificarlos, no es considerado un insulto sino una forma de dividir el mundo.
Viven en chozas, casas de adobe y madera situadas debajo de las salientes de las rocas de forma que les sirve de techo o en las cuevas de las montañas. No se agrupan sino que por el contrario viven separados por grandes distancias y se juntan solo para festejar.
Cuando se reunen en dias festivos, elaboran una cerveza de maiz que cultivan y crean a mano.
También tienen su propio cielo.
Para ellos los hombres tienen tres almas y las mujeres cuatro.
Porque ellas producen vida nueva, dicen.
Y cada una de las estrellas que brilla en el firmamento nocturno es un indio tarahumara cuya alma se ha extinguido finalmente.










¿Se suicidò Salvador Allende Gossens?

Xuxo Pereira
Suceso estrictamente històrico, con excepciòn de algunas travesurillas literarias del autor.
¿Quièn no sabe que Allende no puede haberse suicidado como nos enseña actualmente la Historia tergiversada?
Segùn el sentido comùn, un hombre tan valiente y altivo, un macho latinoamericano que diò la vida por sus ideales, no puede haber cometido suicidio.
Pero ese es tema para otro cuento. Dejemos que la Historia siga su curso.
"El mèdico chileno Salvador Allende fuè recogido exànime del barro, en un duelo a pistola, acaecido ayer en las afueras de esta ciudad. Su adversario, el abogado Raùl Rettig, autor del disparo, fuè atendido en el sitio, presa de profunda depresiòn."
Asì titulaba un diario regional refirièndose al evento.
Ambos, Rettig y Allende eran senadores de la Repùblica. A raiz de chismes, verdaderos y falsos, el mèdico estaba sumamente molesto con el abogado. Cuentan que el drama tomò forma cuando ambos senadores se encontraron frente a frente en el jardìn del Parlamento.
Finalizaba el mes de julio y la Cordillera lucìa virginal con su traje de novia. La eterna llovizna del invierno santiaguino atenuaba un poco la fogosidad de la discusiòn.
Con su acostumbrado sarcasmo, Allende exigiò a Rettig que le respondiera "ahora mismo" el porquè de su oposiciòn respecto de cierta propuesta que aumentarìa los dìas de vacaciones de los mineros.
-Hace tiempo (respondiò el abogado) que rendì mis exàmenes finales. Yo sòlo respondo lo que quiero.
-Claro, (ripostò Allende) Ud. ignora la materia. No responde porque sencillamente es un trànsfuga.
La sangre huyò de la faz del abogado, antes sonrojada por el frìo ambiental.
-¿Se atreverìa Ud. a repetir esa infamia fuera, en la calle? (Preguntò Rettig, colèrico).
-Le advierto (burlose Allende) que puedo enviarlo al hospital.
-No sòlo al hospital (dijo Rettig aludiendo la profesiòn de su antagonista) ¡Tambièn al cementerio... como a muchos!
Y asì continuaron caldeàndose los ànimos. Mientras algunos presentes, maquiavèlicamente atizaban la hoguera, otros, entre ellos el senador Eduardo Frei Montalva intentaban diluìr la confrontaciòn.
Era bien conocida la correcciòn y seriedad del abogado, enemigo de culteranismos y discursos rimbombantes. Contrariamente, Allende era risueño y extrovertido, con un encantador sentido del humor muchas veces incomprendido. Por eso, cuando Rettig mencionò la intenciòn de entrar al recinto por estar "aterido de frìo", Allende captò el pleonasmo en el aire y lo corrigiò de este tenor: "El participio -aterido-, su señorìa, es lògico que se refiere al frìo. Tiene funciones de adjetivo, pero tal vez, como verboide, puede recibir complementos. (Y siguiò con la verborrea) La estructura completa funciona como predicativo subjetivo no obligatorio. Si ignoramos (recalcò -ignoramos-) el pleonasmo, la interpretaciòn sintàctica es descabellada, pero serìa la primera pasiva perifràstica que se observa sin el verbo auxiliar. Es decir, un sintagma. ¿Entendiò SU- SE-ÑO-RÌA?".
Se escucharon tocesitas disimuladas y algunos voltearon la cara, tapàndose la boca.
El abogado, casi con el control perdido, hizo alarde de avanzar contra el mèdico. Los presentes lo contuvieron, pero ya era tarde. El duelo se habìa sellado.
Con padrinos y demàs, como debe ser, se citaron a las afueras de Santiago en las orillas paradisìacas del Mapocho.
A principios de agosto de 1952, se citaron.
Lejos estaba el Dr. Allende de suponer que este serìa el primero y ùltimo duelo de su vida. Mucho menos podìa imaginarse que morirìa herido de bala.
Posteriormente dirìa Rettig en sus memorias "Fuè una estupidez. Yo era muy amigo de Salvador".
A las ocho de la mañana, aùn no se habìa derretido la joyerìa helada en el pasto del paraje. Los àlamos desnudos observaban aterrados (y ateridos) el drama. El rìo mismo hubiese querido detenerse para ser testigo de tan singular desafìo. Allende, ducho en armas de fuego, caminaba incòlume, orondo y mordaz de espaldas a su enemigo mientras èste hacìa lo propio. Ni un pàjaro, ni un insecto ni un mamìfero se dejaban ver en el claro, pero seguramente espiaban con un sòlo ojo a la extraña comitiva. El barro, espeso y gèlido, producto de varios dìa de lluvia, ensuciaba los nuevos y pulidos zapatos de los notables asistentes y dejaba salpicaduras en los ruedos de paño fino.
Vigilados y asistidos por los testigos, los duelistas se acercaron inexorables a los diez pasos de rigor. Rettig fuè el primero que volteò su cuerpo. Casi de inmediato Allende tambièn lo hizo y parsimoniosamente se apuntaron, como dos caballeros. Dos segundos eternos marcaron el antes y despuès del terrible drama. Pareciò en esos dos segundos que ninguno de los contendientes salìa de su paràlisis.
Aterrado, uno de los padrinos de Allende observò que, sin lugar a dudas, èste apuntaba la fronda empapada de una altìsima araucaria a espaldas de su oponente. Pensò sin hablar. Se tapò la boca con el pànico pintado en sus ojos ("Màs abajo, Salvador, ¡MÀS ABAJO!). Los dos tiros reventaron al unìsono e instantàneamente, mientras su balazo acertaba limpiamente a la niebla, Allende se desplomò en el barro.
No fuè esa caìda lenta, ensayada de las pelìculas. No tambaleò. No se llevò las manos al pecho ni exclamò el clàsico ¡ay mi madre!. Nada. Fuè como si un gran imàn atrajera a un clavo realengo. ¡Splash!. Ahì quedò el senador tendido, rìgido, desafiando al cielo con el fango hasta las orejas.

Fuè tal el escàndalo del acontecimiento y de tan alto calibre los personajes involucrados, que desde entonces, los duelos fueron prohibidos en Chile.
Con la cara bañada de làgrimas, diluìdas por la lluvia que empezaba a caer, Astolfo Tapia y Armando Mallet, padrinos e ìntimos amigos de Allende, corrieron y se inclinaron sobre el cuerpo. Tapia perdiò el control y llorò espasmòdico sobre el pecho abierto de su amigo.
-¡Se mueve... se mueve! -gritò. Pero fuè inùtil cualquier auxilio. En extraño movimiento postrero, Allende recogiò las piernas como un fakir, se sentò en el charco y cual avezado saltimbanqui, de un àgil salto se puso de pie frotàndose el occipital. -¡Maldito barro! -Exclamò. -Me resbalè.

Salvador estaba intacto.
Socarronamente explicò que el retroceso del arma al disparar, hizo que perdiera pie en el lodo resbaloso como jabòn y al caer se golpeò la cabeza, perdiendo por segundos la conciencia.
Eso dijo, pero quienes le conocìan sus travesuras... nunca le creyeron.
Salvador Allende y Raùl Rettig se hicieron amigos y esta relaciòn durò hasta los tràgicos sucesos de 1.973, cuando el mèdico perdiò la vida.
Asesinado con bala, por supuesto.


CIENCIA FICCION
El silencio del abad
El padre abad con su andar cansino recorría la habitación en la búsqueda de algo que aparentemente estaría contra la pared izquierda, muy cerca del ventanal. Tanteando con sus manos callosas, pergamino de los años que acompañaron la ardua tarea de dirigir el conglomerado religioso, antes como herbolario, con conocimientos también sobre arquitectura y preparación en diferentes actividades cotidianas, tanteaba en las elevaciones una minúscula especie de botón incrustado casi en la arista de la misma. Con un chirrido que acto seguido hizo esbozar una leve sonrisa (casi imperceptible) en su rostro, el espejo frontal se abrió en forma pausada para dar lugar a una apertura conal, pequeña para el paso de un cuerpo de costado, sin mencionar las acrobacias que debería hacer algún mortal un poco excedido.
Con la luz de una vela, cruzó el umbral y se dirigió por el pasillo casi en penumbras de unos veinte metros, con leve declive y con una curva poco pronunciada.
Allá, afuera, el pasado en la soledad de la abadía guardaba los secretos de retiro, el silencio, el sufrimiento, la peste del año treinta que se llevó a muchos de sus hermanos… pero era, en rigor, algún designio distante del señor.

Los monjes habían realizado sus actividades el día de hoy como todos los días, al alba. “Algunas labores casi mecánicas deben llevarse con un espíritu poderoso”, rezaba el abad. “No dejes que el influjo del ocio domine tu cuerpo y mente, el objetivo es lo que llevará el buen orden de tus funciones, y esos mismos objetivos me han traído hasta donde estoy aquí hoy”.
Los jóvenes monjes llevaban esas palabras impregnadas en su mente desde los primeros días de su llegada al edificio y así es como debía ser. “Las mentes jóvenes son muy volubles y también podría arriesgar que volátiles, por lo que es mejor el conocimiento en rodajas de pan cada día que la hogaza por sus cabezas”, sentenciaba.
Pero había uno que no podía controlar con simples palabras. El joven hermano Marcos, ansioso de conocimiento, rebelde por naturaleza, entrometido y siempre llevando sus narices donde no le llamaban, tenía a mal traer al viejo abad. Este último se había comprometido especialmente en la corrección del novel, como se lo había comunicado al hermano profesor Jeremías, monje el cual se encontró en más de una ocasión en aprietos por la insidiosa (como éste le decía al abad) lengua del joven novicio.
Sus ansias de saber, sus cuestionamientos, sus preguntas sobre la divinidad iban en contra de muchas de las políticas que la abadía guardaba celosamente con el correr de los muchos años que llevaba en pie, y tales inquietudes deberían ser reguladas por el superior, se decía a sí mismo el abad en las horas de pensamiento (no de ocio).
Ahora la hora era otra, y lo que tampoco parecía igual era el sendero al laboratorio. Había un extraño olor… como si alguien hubiese pasado antes. Las sospechas se hicieron realidad cuando vio parado en medio de la mesa de trabajo al joven monje Marcos, aguardándolo con su cara sobria, sagaz e invariablemente inevitable.
Quería una explicación a todo lo encontrado: una mesa llena de muestras, un crisol, un mortero, un horno y demás artefactos propios de los experimentos de la gran ciencia. De todas formas ya lo sabía, ya lo había leído en incontables ocasiones en los libros prohibidos y sabía de qué se trataba. Lo que quería saber era por qué estaba vedado a los demás, por qué era un trabajo del que nadie sabía nada y tema el cual no era parte de la enseñanza en la abadía.

-Verás, mi querido hermano Marcos –empezó a pronunciar un abatido abad a la luz de la única vela que iluminaba el recinto-, los secretos alquímicos no están tan bien reflejados en los libros y muchos de los símbolos tratados en ellos pueden prestar a ciertas confusiones. No voy a cuestionar tu sagacidad ni preguntarte cómo es que has llegado hasta este lugar secreto, cosa que ninguno de tus hermanos ha osado hacer y tampoco he tenido noticias en el registro de la abadía de que lo hayan intentado anteriormente. Pero sí puedo decirte que esto no es bueno… nada bueno.

-¿A qué se refiere, estimado abad? Es cierto que pude observar durante algunas noches sus movimientos y que tuve la osadía de escabullirme hasta su laboratorio… pero es que deseo saber algunas cosas y usted sabe de mi interés por est…

-No digas más, hermano, por favor te lo suplico. He de contarte.
La cara de sorpresa de Marcos ante tal afirmación fue notoria y no pudo evitar exclamar y expresar su alegría al maestro abad estrechándole sus manos.
-¡Gracias padre abad, muchas gracias por explicarme, muchas gracias por evacuar mis ansias de conocimiento!
-Tranquilo, hermano Marcos, ten en cuenta que es un tema delicado. Verás, el tratamiento de la materia no puede ser enseñado así porque sí entre los jóvenes monjes, requiere de una iniciación… emmm… mira, este conocimiento encierra un saber invalorable, algo que tu ni siquiera podrías llegar a comprender con tus ansias de saber, como bien me dices… eehh… lo que intento decirte es que la combinación de la materia abre puertas… puertas de las que mejor, para evitar explicaciones, deberías comprobar con tus propios ojos. Abriremos una esta noche.
Marcos no caía ante tales afirmaciones. Parecía salido de un libro secreto egipcio, de la biblioteca de Alejandría o de algún lugar remoto de los libros perdidos que en alguna oportunidad se informó cuando adolescente, hacía algunos pocos años. De todas formas la veracidad de lo contado por el abad estaba por verse, tendría que verlo con sus propios ojos, como bien dijo el maestro.
El maestro abad encendió el crisol y colocó un líquido amarillento que se encontraba estacionado en una pequeña vasija de cobre. A los pocos minutos el líquido comenzó a burbujear, por lo que el viejo monje se apresuró a tomar un espejo de mano y colocarlo justo encima del crisol, separado por unos escasos cincuenta centímetros, inclinado en unos cuarenta y cinco grados. De repente un rayo de luz se precipitó hacia arriba, chocó en el espejo y generó en la pared un agujero de aproximadamente un metro de largo por sesenta de ancho, neblinoso y oscuro.
-Esto es, querido hermano, la respuesta de por qué el secreto debe ser guardado y para ello el silencio es primordial. Esta puerta es los tiempos, donde éstos se acercan oscilando en una curva que no comprenderás jamás. Te invito a que asomes tu cabeza para que puedas vislumbrar algo… ¡¡y ver!!
El hermano Marcos no salía de su asombro. El insólito ofrecimiento del abad lo apabulló y dejó aniñado por unos momentos. Pero las ansias de conocimiento pesaban más y se adelantó por el cuarto hasta la pared otrora lisa y blanca. Lentamente introdujo la cabeza por el hueco, observando una nebulosa que lo hipnotizaba. Para ello, hubo de inclinarse un poco en el suelo, ya que la puerta se encontraba a la altura de la arista, un metro hacia arriba.
Raudamente y depositando el espejo en un frasco, el maestro abad tomó una barra de hierro y le propinó un golpe significativo al hermano en cuclillas, lo que hizo que éste trastabillara y se perdiera por el hueco nebuloso abierto. Ningún ruido se escuchó. Seguidamente el maestro abad cerró la puerta pronunciando unas palabras alegóricas al señor, apagando el crisol y quitando el espejo de la posición donde se encontraba.
A la mañana siguiente los sorprendidos jóvenes monjes fueron recibidos por el abad con una carta de despedida del hermano Marcos, alegando en ella que se vio obligado a abandonar la abadía urgentemente por la pérdida un familiar muy cercano, por lo cual no pudo esperar a despedirse de sus hermanos.


Eva no fue culpable
te titulo lo leí en una comunidad y aunque tiene toda la razón, no deja lugar a duda de que entonces fue Adán.
No estoy de acuerdo, ni Eva ni Adán, fueron culpables de nada, ellos el primero Adán de barro, que lo podía haber hecho de roca, para que durara mas no, tuvo que hacerlo de barro, y después de una costilla, del hecho de barro, pero a lo hecho pecho, y si el barro por si solo como la costilla, no son nada lo único valido es el aliento de quien lo creo.
Entonces busquemos al culpable, si es que lo ay.
Si el hombre fue hecho de tierra amasada, para que tuviera vida, necesito la ayuda del primerísimo, entones el hombre es parte de Dios, y como consecuencia de la extracción de la costilla, Eva también, llegando a esta conclusión, ninguno de los dos fueron culpables.
Además ¿Culpables? De que de ¿Desobediencia? Pues el castigo me parece excesivo si de algo ay que culpar a Adán es de ser del género idiota, por que le sueltan o le dan vida en un “paraíso” seria de 30 metros cuadrados, por que vamos a ver un Paraíso, lleno de árboles frutales donde la comida no le falta, no ay que pagar impuestos. Ni poner el despertador para ir a currar, ni tráfico, ni hacienda al final del ejercicio, ni facturas de ningún tipo, con una mujer esplendida la más hermosa del paraíso, además única, para que no puedas tontear con nadie más que con Eva, si preocuparse de que me pongo hoy ni de peluquería ni maquillaje, ni consejos de amigas/os envidiosos del paraíso, pues eso en vez de dedicarse por entero a recorrer el paraíso en compañía de Eva ver puestas de sol juntos y compartir los dos solos todas aquellas maravillas que el primerísimo había creado, sin niños que incordien, ni suegra que venga a comer, por que aparte este Adán es el primer hombre en tener mujer y no tener suegra, lo dicho Adán es del genero tonto y ahora viene la gran pregunta ¿si la naturaleza es sabia? De donde cogio Adán la tontería, por que el barro es parte de la tierra y la tierra de la naturaleza.
La verdad es que no dicen nada del tiempo que estuvieron ay ni de la barriga cervecera que poseía, Adán de ver la tele los domingos por la tarde, pero sea el que fuese, la verdad es que el tiempo desgasta.
Eva no fue engañada, le contaron una milonga y se la creyó por un (…...) convertido en ventrílocuo, Vamos, como el Moreno, es que ese aburre a cualquiera no me extraña que comiera por que se aburría, Jolin así cualquiera, ya te digo.
Por eso Adán es INOCENTE, por que no tuvo un padre que le educara, le atendiera y le cuidara.
Y por la misma razón Eva no fue culpable.
Busquemos al culpable, de este desaguisado.
Para mi forma de pensar, el culpable fue. EL PRIMERISIMO, el primero El primero que apareció de la nada y empezó a crear todo lo que nos han contado en varios días o Años por que el calendario no se había inventado, después de tan arduo trabajo, descansó y como estaba todo hecho, se dio cuenta de que faltaba algo, y cogiendo barro del suelo, (No podía haber cogido granito ¡No! tenia que coger barro) y soplándole su aliento le dio vida. ¡Hala al recreo! pero el pobre, hombre se aburría, ¿no pudo sentarse cerca del hombre? y explicarle las maravillas que había hecho para que las comprendiera mejor (tener en cuenta que su cerebro era de barro) y poder así explicarlas ¡No! ¿Qué trabajo le costaba? si tenían todo el tiempo del mundo, pues no, le durmió, le jodio una costilla, e hizo una mujer una compañera, cuando Adán miro, por segunda vez, el primero fue el primero, bueno cuando Adán, vio aquella belleza que había aparecido en el terruño, se quedó tan atónito que desde entonces nos quedamos con la boca abierta cuando contemplamos una belleza, como la de Eva, y que iba a hacer el pobre, sin hipoteca, ni suegra, ni curro , nada que pagar sin tv, ni radio ni nada que enturbiara aquella relación, mira por donde aparece el malo de la película, y le cuenta lo que ya sabéis y le jode el chollo, y el primero donde coño estaba, no lo ve todo, o es que quería ver de que pasta estaban hechos, pues uno de barro y otra del hueso, del hombre de barro, el caso es que deja trabajar al ventrílocuo y cuando termina la función va y les castiga, ¿Por qué? ¿Por no? (aplaudir) Para que dejó que actuara el malo del cuento, el caso es que el castigo, lo llevamos padeciendo hombres y mujeres desde entonces, pues menos mal que se comieron una manzana, y no hicieron mermelada.
En fin que el presunto mal estaba hecho, donde digo, digo, digo comer, pero de ese ni tocarlo, diego,¿Cómo se puede comer una manzana cogida de un pero? se me ocurre otra pregunta, ¿cuando se “forma el hombre”? al tomar vida tendría un ADN y como el, que lo sabia todo dijo, Coño el ADN, pues Adán, tiene ya ADN y nombre, pero si el ADN es inmutable, y de la costilla que le Evapora de ay Eva, lleva el mismo ADN y eso es una ciencia exacta, los hijos tendrían el mismo que los padres, pues parece ser que no, que cada uno tenemos el nuestro que es distinto al de los demás, otro misterio, y así podíamos llegar hasta nuestros días pero seria muy largo de contar y no quiero aburriros lo único que deseo es que no se quieran imputar cargos ni Adán ni a Eva, pues eran dos seres puros nacidos del aliento del primerísimo, y si son puros, ¡Nuca! podrían cometer falta alguna para que les quitaran el paraíso que les dieron sin pedirlo, ni firmar condiciones de uso y disfrute y menos aun por el consejo de un ser que todavía no existía (la serpiente) pues creo recordar que fue castigada a vivir arrastrada por la tierra, después de convencer a Eva.
Yo creo sinceramente que Eva no fue la culpable y que Adán era inocente.

32 comentarios:

  1. es una mierda yo puse cortos

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    1. y que querés, de un renglón? pues esos inventalos vos, aprende a apreciar la literatura.

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  2. chdo0oooooooooooo0000000000000 guuuuuuann

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  3. Hoy 29 d septiembre m paso olgo muy especial por q un chabo m pidio q sea su novia bueno solo queria su opinion q opinan

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    1. DILE QUE SI SI ESTA GUAPO

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    2. si tu lo quieres dile q si :)

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    3. no pongan estas bobadas acá, porfavorrrr

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    4. porr quee lo dise

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    5. No le digas qe si solo por que es guapo; dile que si por su forma de ser, es decir, por su caracter, por su sentimientos pero no seas convenenciera...ok??

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    6. solo quiere sexo

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  4. MUY BUENOS ME SIRVIERON PARA MI TAREA DE ESPAÑOL MUCHAS GRACIAS POR AVERME AYUDADO Y ENCONTRAR ESTA PAGINA 07/NOV/2012

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  5. Yea yea yea muy buenos como el ranchero chilo y como ando yo bien bueno y rebueno

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  6. No me sirve no tienes autorees!!!!!!!!!!!! >:|

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  7. el cuento de terror no tiene título y esta incompleto ademas de que se repite una parte de el.

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  8. pedi cortos no laaaaaaaaaargos

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  9. pedí cortos pero da igual no me interesa
    xd gracias amigos

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  10. sssssssssssssssss esta verga esta larguisimop llave

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  11. deberian d escribir el cuento d jack el destripador

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  12. hola coloque cortospero estapagina no sirvio dema ciadisimo de lar go como para copiarlo en mi cuaderno de ugual manera gazxszxsiaszxs by: :): vipolar

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  13. me pueden decir los nombres del autor de los cuentos de suspenso

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  14. deberían poner mas y menos largos

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  15. A estos cuentos le faltan LOS AUTORES!!! Cómo pueden publicarlos sin publicar al autor? Por favor corrijan eso.

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  16. vacana si esta eso pero la actividad

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